HEINZ DIETERICH EN BARCELONA: CONFERENCIA EN EL ATENEO BARCELONÈS, miércoles 7 a las 19'30 horas. "LA IZQUIERDA Y SUS INTELECTUALES"
_______________________________________________________________
_______________________________________________________________
Percy Francisco Alvarado Godoy
Rebelión
Créalo usted o no, amigo lector, fui uno de los principales sorprendidos por el bochornoso papel asumido por el gobierno hondureño para presentar una moción anticubana en la actual Sexagésima Sesión de la Comisión de Derechos Humanos en Ginebra. No fue, por supuesto, porque creyera que el gobierno de Ricardo Maduro fuera incapaz de enlodarse de esa manera, sino porque resulta difícil de creer que un país con un largo y criticado historial de violaciones de los derechos humanos, como lo es Honduras, se prestara para esta sucia maniobra.
Aún recuerdo cómo, en el último Informe de Derechos Humanos del Departamento de Estado norteamericano para el 2003, el mismo titiritero que hoy mueve los hilos de la marioneta hondureña en Ginebra, acusó a esta nación de ser escenario, al igual que otros países centroamericanos, de múltiples violaciones a los derechos humanos de niños y adolescentes.
En dicho Informe se destacó un rosario de males que afectan los derechos humanos de los ciudadanos como lo son la violencia policial, lentitud judicial, pobreza enraizada y la corrupción. Todos estos flagelos conspiran contra los niños, quienes se ven afectados por la prostitución y la explotación laboral de niños, jóvenes y adolescentes. Sumado a esto, se exacerban diferentes formas de abuso físico y sexual hacia la niñez, así como una marcada exclusión social.
Sobre este penoso tema declaró Bruce Harris, Director de Casa Alianza para América Latina, al conocer dicho informe: "Las personas menores de edad están pagando el precio y no todos los gobernantes están haciendo su trabajo."
El propio Comisionado Nacional de Derechos Humanos de Honduras, Ramón Custodio, declaró en un informe al Congreso que la actual cadena de violencia que vive el país está provocada por ineficacia del sistema judicial. Baste decir que, tan sólo en seis años, desde 1998 a 2004, ocurrieron 2,170 asesinatos de jóvenes menores de 23 años de edad en el país.
La falta de un sistema oficial de atención a los problemas de la niñez y la juventud, los altos índices de pobreza y desempleo, la carencia de oportunidades y la ineficacia de la autoridad policial, son causales directos del clima de violencia que vive el país y de la asombrosa cifra de más de 100 000 jóvenes incorporados a pandillas con altos índices de peligrosidad. Al respecto, el propio Comisionado señaló en su Informa: En Honduras existe "la ausencia de políticas sociales a favor de la juventud y el fracaso de la policía como integrante del sistema de justicia".
En el propio 119 Período Ordinario de Sesiones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, celebrada hace poco en la sede de la OEA en Washington, fue presentado un Informe sobre la violación de los derechos humanos en Honduras, el que estuvo a cargo del Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL) y otras organizaciones sociales de ese país, como la Organización Fraternal Negra Hondureña (OFRANEH), la Comunidad Gay Sampedrana para la Salud Integral (CGSSI) y el Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación de la Compañía de Jesús (ERIC). De acuerdo con el mismo, se abordó la penosa situación que padecen las poblaciones indígenas y negras en esa nación, el enconado hostigamiento y muertes que sufren los homosexuales hondureños y dirigentes populares.
Fueron descarnadas las narraciones hechas sobre el despojo de tierras a las comunidades indígenas y negras a favor de las grandes transnacionales extrajeras, los asesinatos de sus dirigentes, así como la muerte de más de 400 indios mismitos a causa de las infrahumanas condiciones de trabajo a las que son sometidos en las labores de pesca.
La CGSSI informó sobre más de 200 asesinatos de homosexuales en el país, sin que la policía se preocupara en perseguir a sus victimarios. De la misma manera, según un reporte de la Relatora de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales confirmó el asesinato de 25 defensores del medio ambiente.
Tan macabra fue la descripción de dichas atrocidades, que la propia Comisionada de la Policía Hondureña, Maria Luisa Borjas, tuvo que reconocer que la Unidad de Asuntos Internos de ese órgano identificó más de 50 casos de asesinatos extrajudiciales. Por su lucha contra la corrupción policial, la señora Borjas fue sustituida de su cargo.
Todas estas violaciones, desde luego, no son las únicas que invalidan al gobierno hondureño para presentar una moción contra Cuba en materia de Derechos Humanos.
¿Puede hacerlo un gobierno como el de Ricardo Maduro quien no ha movido un dedo ante la dramática situación de desempleo que se vive en Honduras? Sólo en los últimos cuatro años cerca de 80 000 hondureños han sido cesanteados, lo que ha elevado el número de desempleados a un 35 % con respecto a la población laboralmente activa. Mientras se ha incrementado la desocupación, el gobierno hondureño nada hizo para detener el aumento de las tarifas de los servicios públicos de electricidad, teléfonos y agua, las que han experimentado un exagerado incremento del 15 % en los últimos cinco años. El propio gobierno incrementó en un 75,6 % los precios de los derivados del petróleo, afectando de esta forma a las pequeñas empresas y a la población.
¿Puede hablar de derechos humanos un gobierno que enfrenta una profunda crisis en el sistema educacional superior y que a pesar de aumentar el número de universidades ha descuidado la calidad de la enseñanza?
Afectadas por bajos presupuestos, estos centros docentes carecen de alto nivel profesional en la impartición de las asignaturas y su correspondencia con las reales necesidades del país.
Al respecto, señaló el Rector de la Universidad Tecnológica de Honduras, Ricardo Antillón: "¿Cómo es posible que no hemos dado el paso para formar profesionales capaces de ayudarnos a aprovechar el recurso marino, cuando Honduras tiene una gran riqueza marina en las costas del Atlántico y el Pacífico?"
El propio director del centro regional de la Universidad Pedagógica Nacional "Francisco Morazán", reconoció lo obsoleto de las materias que se imparten en dicho centro. Peor aún, se ha determinado que los propios profesores no saben cómo enseñar y que sólo un 30 % de los maestros universitarios son técnicamente aptos para impartir sus asignaturas.
Como puede apreciarse, el gobierno hondureño descuida algo importante para una nación, su propio futuro.
A pesar de que el gobierno hondureño se vanagloria de invertir en materia de salud pública, sabido es que hoy Honduras ocupa la tasa de prevalencia de VIH/SIDA más alta de Centro América y el quinto lugar en América Latina. ¿Cómo puede, pues, este gobierno hablar de derechos humanos?
Si vergonzoso es el panorama social en este país en donde el 80 % de su población vive en la pobreza, lo es más aún el alto nivel de corrupción institucionalizado en Honduras. Un 63 % de los ciudadanos considera que la misma está generalizada en todo el país y uno de cada cinco acepta haber sido víctimas alguna vez de la misma.
El grado de deterioro que tiene la gobernabilidad en la nación hondureña hizo que el propio obispo de la diócesis de Occidente, monseñor Luis Alfonso Santos, declarara hace dos días: "La gente siente la pobreza en carne viva, ya no entienden discursos políticos".
Más adelante, para confirmar el nivel de sufrimiento que viven los hondureños y la violación de sus elementales derechos, el prelado afirmó con honda tristeza: "Jesucristo sigue sufriendo su pasión y muerte en este pueblo que está muriendo de hambre y enfermedades".
Suficientes motivo tiene monseñor Santos para sentirse así: el 34 % de los niños hondureños padece desnutrición crónica y carece de oportunidades para estudiar.
Por ello, al leer la declaración de la cancillería hondureña solicitando el envío a Cuba del Alto Comisionado de derechos Humanos, emitida ayer, y en la que "hace un llamado al respeto a las libertades públicas en la Isla", uno no puede menos que pensar en el demasiado cinismo que hay que tener para acusar a otros de los males que se ha ayudado a entronizar en nuestros pueblos.
Por tanto, no me cabe duda que el papel de marioneta de presidente Maduro se ha enlodado aún más con el estigma de ser deshonesto y mentiroso. Y, por supuesto, demás está decir quién es realmente el violador de los derechos humanos de su pueblo. Esa es la verdad y lo sabemos usted y yo, amigo lector.
Abril mes decisivo para Cuba en la sesión de Ginebra
Emilio Marín
La Arena
La Comisión de Derechos Humanos de la ONU tiene su sede en Ginebra y el 15 de marzo comenzó su 60º sesión anual con las 53 naciones representadas. Aunque muchos de sus integrantes rotan -los países miembros de la ONU son más de 190- hay temas recurrentes instalados como "clásicos". Uno es la moción de la delegación de Estados Unidos contra Cuba, acusándola de violar los derechos humanos. Hasta 1999 el resultado solía ser adverso a Washington pero desde entonces, coincidiendo con la debacle del ex campo socialista, las votaciones son favorables por escaso margen a la superpotencia. El debate político ya comenzó y entre el 15 y el 20 de abril se producirá esa votación. El gobierno argentino ha dicho que se abstendrá como en 2003.
CON UN SOLO OJO Abriendo el paragüas antes de que llueva, el canciller cubano Felipe Pérez Roque se quejó el 17 de marzo de que la CDH de Ginebra acusa de violaciones a los derechos humanos casi con exclusividad a los países del Tercer Mundo.
El punto 9 de la agenda analiza esas violaciones pero con un sesgo notable. Pérez Roque se preguntaba si alguna vez el organismo iba a investigar las barbaridades que las autoridades estadounidenses cometen contra los presos que mantienen ilegalmente en Guantánamo sin causa, juez ni abogado defensor. También meneó el caso de las prisiones que administran las tropas de ocupación en Irak, como Campo Cropper, ubicado en las cercanías del aeropuerto internacional de Bagdad. Allí viven en condiciones infrahumanas 3 mil prisioneros iraquíes, como LA ARENA informó oportunamente.
El representante chino en Suiza siguió esa línea de pensamiento crítico, luego que su país también fuera acusado por EE.UU. y la Unión Europea. Sha Zukang, fue muy irónico con los delegados de Bush: "Aunque somos un país pobre, podemos regalarle el espejo para que vea sus atrocidades en materia de derechos humanos.
Si hubiese un premio en esta esfera de la vida, Washington obtendría el título de campeón violador".
En 2003 la administración Bush logró una votación favorable a la moción anticubana redactada por el Departamento de Estado y presentada por Costa Rica, Uruguay y Nicaragüa. A raíz de ello se designó una relatora especial sobre las supuestas violaciones de derechos humanos en que habría incurrido La Habana. La jurista francesa Christine Chanet, representante del Alto Comisionado de la ONU, presentó su informe este año, haciendo hincapie en las 75 detenciones y juicios realizados en 2003 en Cuba contra mercenarios al servicio de la SINA (Sección de Intereses Norteamericana). El relato de Chanet, funcional a la Casa Blanca, fue replicado por los diplomáticos cubanos. Fueron rounds de preparación para la gran batalla de mediados de mes.
UNA GRAN DEFENSA La presencia de Pérez Roque en Ginebra el 17 de marzo fue parte de la defensa de Cuba. Fue continuada por el representante diplomático ante la CDH, Juan Antonio Fernández Palacios y el embajador Iván Mora, a quien le tocó replicar al informe Chanet.
Como toda buena defensa que se precie, la isleña incluyó ataques sobre las políticas e integrantes de la delegación estadounidense. El foco fue puesto sobre Luis Zúñiga Rey, un cubano agente de la CIA, detenido con fusiles y explosivos años atrás en la costa de la isla. Ese agente forma parte ahora de la comitiva "humanitaria" de Washington en Suiza.
Mora fue reconvenido por el presidente de la reunión de Mesa, el australiano Mike Smith, para que moderara su lenguaje. Pero el orador profundizó su ofensiva verbal y desafió a que los norteamericanos desmintieran el prontuario criminal de Zúñiga Rey. El silencio fue una respuesta evidente.
Desde La Habana el canciller organizó el 25 de marzo último una conferencia de prensa con medios internacionales, para defender las posturas de su país y mostrar las falsificaciones de las campañas mediáticas del imperio. Es que se está en vísperas de una votación crucial (ver aparte "Los argentinos
").
En esa rueda de prensa el hombre que maneja las relaciones exteriores del gobierno de Fidel Castro demolió punto por punto las acusaciones sobre las condiciones carcelarias y de salud de los 75 agentes nacionales pagados por James Cason, el jefe de la SINA, y condenados por los tribunales habaneros en abril de 2003.
Las agencias internacionales sensibles al dólar sostenían que dos de los presos (un hombre y una mujer) estaban enfermos de cáncer y cirrosis, y cáncer de mama, respectivamente, y que no estaban abandonados a su suerte. El canciller estuvo acompañado por los médicos que atienden personalmente a esos detenidos, quienes atestiguaron que esas personas no tienen ni cáncer hepático ni cáncer de mama.
Además quedó en claro que están en manos de profesionales de primer nivel, se les hacen análisis y reciben remedios en forma totalmente gratuita.
En unos videos pasados en la conferencia, el periodismo pudo ver y oír a familiares de los 75 presos reconociendo que éstos están bien de salud, reciben un trato humano, tienen visitas periódicas, han aumentado de peso, gozan de pabellones conyugales, etc.
Además de tener en cuenta la calidad de los médicos cubanos, llamó la atención el dato cuantitativo aportado por Pérez Roque. La media del sistema penitenciario de su país es de un médico cada 200 presos, la misma que para la sociedad en su conjunto.
LOS YANQUIS APRIETAN La administración Bush está trabajando a revienta caballos para la presentación de la moción anticubana en la Comisión de Derechos Humanos. Aunque Colin Powell actúa con disimulos, la inteligencia cubana siempre le descubre el juego. En la conferencia de prensa ya referida del ministro de relaciones exteriores cubano, éste entregó a los medios una copia en inglés del proyecto de resolución redactado en el Departamento de Estado. Traducción de por medio, será presentado posiblemente por Costa Rica.
En la 60º Sesión están los delegados de once naciones de la región: Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica, Cuba, Guatemala Honduras, México, Paraguay, Perú y República Dominicana. EE.UU. viene haciendo una labor de amenazas y lobby sobre cada una, descontando Cuba por razones obvias.
Tanto los diplomáticos como los viajeros militares de Washington, han "peinado" las capitales de aquellos países buscando convencerlos de la conveniencia de atacar a La Habana utilizando el latiguillo de los derechos humanos.
A Buenos Aires, por ejemplo, llegó el general Richard Myers, jefe de la junta de estado mayor central de las Fuerzas Armadas estadounidenses. Fue recibido por José Pampuro y se dedicó a captar la comprensión argentina hacia la lucha antiterrorista global y en la Triple Frontera, así como para requerir contingentes militares para completar la ocupación de Haití. Este país está separado de Cuba por unas pocas millas marítimas.
Luego fue el turno de Otto Reich, enviado especial de Bush y ex secretario de Estado adjunto para Asuntos Hemisféricos desde fines de 2001 a mismo lapso de 2002. Reich es uno de los 18 cubano-americanos que nutren la primera plana del gobierno extremista y arribó a nuestro país la semana pasada, tras hacer stop en Brasilia y Asunción del Paraguay.
No tuvo mejor forma de reclamar públicamente a Néstor Kirchner un voto pronorteamericano en Ginebra, que comparar al gobierno de Fidel Castro con la dictadura militar de Jorge R. Videla. En sendos reportajes a Clarín (26/3) y La Nación (28/3), repitió este concepto: "Quisiera citar al presidente Kirchner cuando dijo en la ESMA que se disculpaba por el silencio de 20 años de democracia ante la violación de derechos humanos en la Argentina. Yo creo que las democracias de la región no pueden mantenerse en silencio ante la documentada violación de los derechos humanos en Cuba por 45 años. Es la única dictadura totalitaria que ha tenido este hemisferio (sic)".
A despecho de tanta brutalidad e injerencia imperial, Reich no lograró cambiar el voto de Argentina en Ginebra. El lobbista de la licorera Bacardí podrá embriagarse -si la votación le resulta favorable- pero se fue de Buenos Aires con las manos vacías.
--------------------------------------------------------------------------------
Los argentinos y la cuestión cubana La mayoría de los argentinos tiene simpatía por Cuba y detesta a las autoridades norteamericanas, recalcitrantes. El termómetro de esos sentimientos no dejó lugar a dudas durante la visita de Fidel Castro a nuestro país, entre el 25 y el 27 de mayo del año pasado.
Por cierto los intereses norteamericanos se hacen sentir, manejados por Lino Gutiérrez desde la embajada del barrio de Palermo y las multinacionales agrupadas en AnCham (Cámara de Comercio Argentino-Americana). Muchos políticos, empresarios y jueces eran habitués de las fiestas de la Independencia cada 4 de julio. Ese espectro se ha raleado pero, vayan o no, Carlos Menem, Ricardo López Murphy, Mauricio Macri, Daniel Scioli, Martín Redrado, Mariano Grondona, Roberto Alemann, José A. Martínez de Hoz, etc, siguen alineados con Washington.
Diferenciado de ese lobby, en abril de 2003 Eduardo Duhalde instruyó la abstención a la hora de votar la moción anticubana. Eso motivó un fuerte enojo de la Casa Blanca, que no fue ajena a las complicaciones de la negociación por la deuda externa con el FMI.
El presidente Kirchner le aseguró a Felipe Pérez Roque que habrá otra abstención. Así se lo comentó al recibirlo en audiencia el 26 de febrero en la Casa Rosada. El viajero quedó satisfecho pues valoró la abstención en conjunto con la reanudación de relaciones diplomáticas normales.
Sin embargo varias organizaciones sociales y políticas insisten en que nuestro país debe votar a favor de Cuba y se proponen entregar un documento a la Cancillería el próximo 15 de abril. Ellas consideran que "no puede haber abstención al contemplar la agresión y bloqueo de la superpotencia atómica norteamericana contra un pueblo hermano del Tercer mundo. Hay que elegir entre Goliat y David. Entre la guerra imperial y la paz. Entre los misiles Tomahawk y las vacunas cubanas contra la meningitis. Entre los marines que invaden pueblos, y los médicos y maestros cubanos que ayudan gratuitamente en 65 países del mundo. Entre el ALCA anexionista y la independencia nacional. Entre los que ayudaron a los ingleses en la guerra de Malvinas y los que como Fidel Castro estuvieron del lado argentino. En fin, entre esos oponentes tan disímiles no puede haber abstención sino un voto positivo por quien defiende la causa justa y es además la parte agredida: Cuba".
Javier Díez Cansenco
ALAI-AMLATINA
Ya se fue la cuarta parte del 2004, año decisivo para nuestro país, entre otras cosas -quizás la más importante- por la negociación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con EE.UU., que ha de definir -si se firma- nuestro modelo de desarrollo, con graves riesgos y ciertas posibilidades. Quienes tienen intereses y beneficios ligados a la firma del TLC y las buenas relaciones con EE.UU., presentan el TLC como algo indiscutible y fantástico.
La ciudadanía debe tener claro lo que realmente está en juego con el TLC. El mismo Congreso debería estar informado en detalle y el Ministro de Comercio debería haberse presentado ante el Pleno, pero parece invitado de piedra y útil sólo en el momento de ratificar lo negociado sin su pleno conocimiento. Nada pasa. El acuerdo que se firme tendrá categoría supraconstitucional: los compromisos que asuma el Perú serán casi imposibles de revertir a futuro. Lo que se acuerde ahora, afectará el destino del país por décadas. El TLC no es un acuerdo comercial, abarca temas cruciales para la soberanía y defensa nacional, la autonomía en el diseño y aplicación de políticas estatales, la potestad legislativa del Congreso, la jurisdicción de nuestras leyes y tribunales, nuestros derechos y deberes ciudadanos.
La negociación del TLC no puede ni debe separarse de una visión estratégica e integral del desarrollo nacional. Hay que preguntarse: ¿Qué clase de país queremos ser? ¿Nos conviene la senda de supuesto desarrollo que propone el TLC, ligada al cuestionado "Consenso de Washington"? ¿A que apostamos: a ser exportadores primarios, ser maquiladores con mano de obra barata, a desarrollar cadenas productivas, a especializarnos en productos autóctonos? ¿ Qué metas, qué tipo de desarrollo económico buscamos? ¿Nos sirve realmente el TLC para alcanzarlos? ¿Qué alternativas hay? ¿Qué pasa con la integración regional, CAN-Mercosur?
Alrededor del TLC, el Perú no puede centrarse simplemente en mantener los beneficios comerciales actuales del ATPDEA o en potenciar sectores exportadores, confiando en que el resto de la economía será "arrastrada". El TLC no generará sólo beneficios ni solucionará todos nuestros problemas. Indudablemente, hay sectores que se beneficiaran con el TLC, pero también hay sectores -muy numerosos y con intereses legítimos- que serían muy perjudicados. El bienestar de cientos de miles de agricultores, pequeños comerciantes, y pequeños y micro empresarios, no pueden sacrificarse simplemente para asegurar la prosperidad de un puñado de enclaves exportadores. Tiene que llegarse a un acuerdo beneficioso para las mayorías sobre qué, para qué, y como se negociará con los EE.UU.
La negociación del TLC no puede dejarse al libre albedrío del Gobierno. La presencia de la sociedad civil en la negociación debe ser permanente y efectiva. Las propuestas gubernamentales en la negociación deben provenir de un intenso proceso participativo. Hay multitud de temas claves que exigen un debate nacional para llegar a posiciones legitimas y consensuales, que el Gobierno debe defender: ¿Aceptaremos las exigencias de EE.UU. de garantizar a sus militares la inmunidad ante la Corte Penal Internacional en caso de crímenes de guerra? ¿Qué hacer ante los generosos subsidios que reciben los agricultores norteamericanos y que EE.UU. considera un tema no negociable? ¿Cómo negociaremos los derechos de patente, en especial en medicinas y el uso de software propietario? ¿Cómo preservamos el acceso a medicamentos genéricos baratos, contra los a deseos de las transnacionales farmacéuticas? ¿ Cómo tratar el tema de las licitaciones y compras estatales, cuando EE.UU. exige que a sus empresas se les permita competir a todo nivel con las empresas peruanas? ¿Cómo proteger nuestro patrimonio cultural y natural, para impedir que las multinacionales los depreden? ¿ Propondremos que junto al tránsito de mercancías se negocie el tránsito de personas, para que los peruanos podamos movernos a otros países sin ser maltratados?
Tenemos por delante meses de ardua negociación con los EE.UU., una superpotencia cuyos intereses no son los nuestros -a menudo son contrarios- y que usará su influencia y fuerza para conseguir un acuerdo a su favor. La sociedad civil y el Congreso deben participar y vigilar las negociaciones. Exijamos al Gobierno una actitud firme y transparente, pues es indispensable que se defiendan posiciones y principios que garanticen que el saldo neto de la negociación para el país, sea positivo para los peruanos de hoy y de mañana, o no hay acuerdo.
--------------------------------------------------------------------------------
Javier Diez Canseco es congresista peruano.
Envia esta noticia
José Suárez-Núñez
Petrofinanzas.com (Venezuela)
Después de más de seis meses de silencio, reaparece Free Market en el negocio petrolero, con el mismo contrato de 50 mil barriles diarios durante 3 años, donde el Estado venezolano puede perder 100 mil dolares diarios, al vender en el mercado internacional el crudo venezolano 2 dólares por debajo de su valor real.
Pdvsa reactiva negociaciones con Free Market Petroleum Limited, empresa de papel operada por un ex-petroespía en el Rockefeller Center de Nueva York, y con la fachada de un ex-senador republicano estadounidense. Desde mediados de marzo están acelerando el otorgamiento de sus cartas de garantía, para venderle crudo a la Reserva Estratégica (SPR por su siglas en inglés) de los Estados Unidos.
La gerencia de operaciones financieras internacionales de Pdvsa, está solicitando de la consultoria jurídica de la corporación, la opinión jurídica de las cartas de garantía sobre Free Market, advirtiendole que desde el 21 de enero del 2004 fue iniciado el trámite.
En la comunicación advierte que la solicitud está de acuerdo a lo establecido en el instructivo, para el registro único de clientes clasificados para las ventas de exportación.
Esto significa que la empresa establecida en Estados Unidos y sin oficinas en Caracas, ya tiene luz verde de Pdvsa, pero la Nación estará expuesta a perder 100 mil dólares diarios, por las condiciones del contrato de venta de 50 mil barriles diarios.
El proyecto comenzó a gestarse para que el Ministerio de Energía y Minas fuera el vendedor, cuestión que fue descartada y ahora se tramita en Pdvsa, para envidia de las empresas que han sido tradicionalmente clientes y no les otorgan un contrato tan atractivo, con una ganancia de dolar y medio en cada barril de petróleo.
La investigación que inició la Asamblea Nacional el año pasado no llegó a nada, porque ninguna autoridad energética asistió, alegando que tenían otros compromisos pendientes.
El trámite interno que hace la gerencia de operaciones internacionales es la antesala, para iniciar los negocios con Free Market y recomendarle a Comercio y Suministro y otros departamento, si van a operar a través de cartas de crédito, o extenderle una línea de crédito.
El contrato sigue siendo impresionante, dijeron agentes vinculados al negocios petrolero y vamos a explicarlo con los precios actuales de $ 36 dolares el barril de West Texas Intermediate (WTI) El Mesa 30 Api, se venderá $2,50 dólares por debajo del WTI, es decir a 33,50 dólares.
Pdvsa hará el negocio CIF (pagará el flete hasta su destino), habrá que descontarle otros 2 dólares, lo cual significa un precio real de 31,50 dólares el barril del crudo Mesa 30.
Los expertos consultados dijeron, que la colocación del Mesa 30 en 33,50 dolares es un precio razonable del mercado, pero sin pagar flete. Pdvsa siempre vendía FOB (recoger en los puertos venezolanos). En este negocio, el país pierde 2 dolares en cada barril y como el contrato es de 50 mil barriles diarios, hay una perdida de 100 mil dolares diarios, que será para beneficio de los intermediarios.
El retorno de Free Market
El Ministerio de Energía y Minas se dirigió a la empresa Free Market Petroleum Limited, el 17 de enero de 2003, con oficinas en el Rockefeller Center, de Nueva York, confirmándole la aprobación del contrato de venta de petróleo crudo, para la Reserva Estratégica de Petroleo de Estados Unidos, via el programa regalía en especie (royalty-in-kind).
El contrato era de 50 mil barriles diarios por tres años,el flete a cargo del vendedor (Pdvsa) en el Golfo, a un precio de menos 2,50 dolares del West Texas Intermediate. La venta es de crudo Mesa 30, con 0,85% de azufre, 5,1 de viscosidad y 1% con máximo de agua. Entre las condiciones en caso de que no haya disponibilidad de crudo Mesa, y debe suplir por otro de mas grados Api y menos de 2 por ciento de azufre, aceptable para el comprador.
El contrato otorgado a Free Market Petroleum Limited, era originalmente para vender a la reserva estratégica estadounidense, pero posteriormente se dejó en libertad la claúsula de destino.
Cuando el Ministerio de Energía y Minas se desentendió del negocio, porque por ley no podía vender petróleo, la negociación fue asumida por Aires Barreto, Vicepresidente de Pdvsa y simultaneamente, interventor del departamento de Comercio y Suministro. Después de más de seis meses de silencio alrededor Free Market, el negocio reaparece con fuerte respaldo interno en la corporación petrolera estatal. La compañía cuestionada desde los primeros días del paro petrolero, por haber realizado algunos "guisos" que están sin investigar, coge un segundo aire.
La Jornada
2004-04-04
"Tratamos a América Latina como si fuera nuestro baño", señala el director de cine
DAVID BROOKS Y JIM CASON CORRESPONSALES
"Cuba es una obsesión" en Estados Unidos, y será un tema clave en los próximos meses de cara a las elecciones presidenciales de noviembre, sostiene el cineasta Oliver Stone, quien señala a La Jornada que "tratamos a América Latina como si fuera nuestro baño", en una entrevista en el Council on Foreign Relations.
-¿Qué esperanza tiene sobre un cambio en Estados Unidos en torno a la posibilidad de que se adopte una visión más progresista e inteligente hacia Cuba y América Latina?
-Pues, en la medida que nadie en esta sala vinculó a Cuba con los problemas de Venezuela, o los de Haití, o a la continuación del fomento de problemas por la CIA, varias agrupaciones y la misma Casa Blanca, con gente como Roger Noriega y Otto Reich, alguien debería de apuntalar que aquí hay más asuntos que Cuba. Es una obsesión aquí, es increíble cómo divide una sala como esta.
-¿Qué opina del tema que parece estar en el centro del debate estadunidense, el de la llamada "transición" en Cuba?
-Es algo delicado y complejo. Como Castro me dijo numerosas veces, si deja entrar a Estados Unidos, entra McDonald's en un Estado no empresarial. ¿Cómo se hace una transición a un Estado empresarial, cómo se hace para permitir el ingreso de los negocios, del sector privado? Si se permiten elecciones, ¿cómo le hace uno para evitar que la CIA apoye financieramente a la oposición? Hay todas estas interrogantes, es un asunto muy complicado.
"No es nada como China o Vietnam. Nosotros (Estados Unidos) establecimos un enclave ferozmente político (los cubanoamericanos) que ahora controla Florida. No hay nada parecido entre los vietnamitas aquí en este país, nada que se parezca a los cubanos en Florida que buscan revertir la marea de 50 años de historia. Y ahora Florida es sumamente importante en la elección estadunidense. Cuba regresará como un tema clave aquí, durante los próximos siete meses estará en las noticias por los comicios presidenciales".
-¿Cuba está sitiada?
-Es lo que dice Castro. Miren, Frank Church (senador que en los 70 investigó operaciones encubiertas ilegales de Estados Unidos) dijo que tenemos una guerra contra Cuba. Recientemente se reveló algo sobre la Operación Northwoods, una acción de alto nivel del Pentágono en 1962 para destruir una ciudad en Estados Unidos, para crear un acto de terrorismo aquí, mucho antes que Osama Bin Laden, y culpar a los cubanos. Otros dicen que existía la misma idea con el asesinato de Kennedy.
-¿Cuál es su esperanza de que esta película cambie la perspectiva estadunidense sobre Cuba y América Latina?
-Yo hice una película llamada Salvador que desafortunadamente fue ignorada casi por completo en Estados Unidos y que no ganó nada de lana. Es muy difícil hacer películas en la industria cinematográfica sobre las cosas al sur de la frontera, es algo muy extraño. Creo que tratamos a América Latina como si fuera nuestro baño. No tiene el glamour o el poder de Asia y Europa, se trata más como Africa y creo que ese es un grave error.
--------------------------------------------------------------------------------
Los estadunidenses deben conocer a quienes, según Washington, son "enemigos", dice
Presenta el cineasta documental sobre Fidel Castro
DAVID BROOKS Y JIM CASON CORRESPONSALES
Oliver Stone insiste en que los estadunidenses tienen que conocer las caras y las palabras de aquellos que son nombrados como "enemigos" por Washington, y recordó que en su propia experiencia como soldado en Vietnam, el rostro del enemigo siempre se borraba.
"No podemos mantener borradas las caras de quienes nos dicen son el enemigo. Ellos tienen que hablar en sus propias palabras", afirma Stone al explicar el motivo de su larga entrevista -a veces interrogatorio- con Fidel Castro.
La película Buscando a Fidel se estrenará por el canal de cable nacional HBO el 14 de abril, y fue presentada esta semana a un grupo selecto de analistas, ex funcionarios, periodistas y miembros del Council on Foreign Relations en esta ciudad. Ahí ocurrió lo esperado cada vez que se trata el tema de Castro y Cuba en este país: polarización. Algunos acusaron a Stone de realizar una obra de propaganda para el "dictador"; otros lo consideraron un documento "histórico" que ofrece un vistazo de la coyuntura cubana poco conocido en Estados Unidos.
Stone presentó su cinta y explicó cómo realizó el proyecto. Señaló que Fidel ha sido "un icono durante 50 años, un hombre fascinante, amado y odiado por millones de personas de todo el mundo, pero un hombre que pocos en verdad conocen más allá de la glorificación o demonización". Recordó que esta es su segunda película sobre Castro y que anteriormente lo entrevistó en sesiones de unas 30, horas en total durante 6 días, "cara a cara hablando con él de Nixon, Khruschev, Hemingway, el Che, la Revolución de los 50, la vida familiar, sus amores, ser padre, su filosofía del futuro". El resultado fue la película Comandante que se estrenó en el Festival Sundance a principios de 2003.
El cineasta contó que "hace un año hubo una gran erupción sobre lo que se llamó represión en Cuba: el arresto, enjuiciamiento y encarcelamiento de unos 75 disidentes y una racha de secuestros que resultó en la ejecución de tres plagiarios y el arresto de muchos más. El mundo condenó a Cuba y Castro por estas acciones mientras Cuba se defendía firmemente. HBO me pidió que regresara a La Habana para intentar platicar con Castro de nuevo y para averiguar qué había ocurrido y por qué. Lo hice y él me otorgó otras 30 horas en tres días que resultó en esta película, (Buscando a Castro). También entrevisté a disidentes que no habían sido arrestados, esposas de disidentes encarcelados, secuestradores, para poder presentar un panorama lo más completo posible. No soy periodista, pero entiendo que mis entrevistas con Castro, la de mayo pasado y la anterior, son las únicas que ha dado frente a las cámaras desde la represión, y son las únicas veces que ha tenido oportunidad de defender sus acciones. Espero que esta película ayude a iluminar en cierto grado la situación en Cuba".
La película, de aproximadamente una hora, se enfoca sobre el diálogo entre Stone y Castro. Tal vez la parte más notable y sin precedente es una sesión donde el presidente cubano, seis secuestradores bajo juicio, sus abogados y los fiscales se sientan en una misma sala para platicar sobre su delito, en una escena casi surrealista. Los detenidos dicen que intentaron secuestrar un barco para irse a Miami, y Stone les pregunta si deseaban exiliarse por razones políticas. Cada uno insistió en que deseaban llegar a Miami por puros motivos económicos. Fidel, frente a ellos, culpa a la política estadunidense de otorgar la residencia legal a cualquier cubano que toque territorio estadunidense, y alude al problema humano con los bienes materiales.
Castro hace énfasis en que la problemática cubana tiene que entenderse dentro del contexto de una guerra constante de Washington contra la isla desde el inicio de la revolución.
Stone entrevistó además a disidentes no encarcelados como Vladimiro Roca y Elizardo Sánchez, y a familiares de los 75 detenidos. Ellos reiteran que Castro siempre usa las mismas justificaciones para la "represión política". El comandante, a su vez, insiste en que los detenidos no son disidentes sino "mercenarios", ya que los 75 arrestados recibían fondos estadunidenses.
En otra parte de la entrevista Castro señaló que él no es todopoderoso en Cuba, ni ocupa un puesto como de presidente. Agregó que más bien su liderazgo e influencia tienen que ver con su larga experiencia, y que él ahora es algo parecido a un "jefe espiritual" o un "jefe moral". Agregó: "no soy teórico de la revolución., soy activista", y subrayó que está listo para apartarse del Estado si alguien le demuestra que le está haciendo daño a la revolución. Además señala que en torno a la transición política, él se ha dedicado constantemente a preparar a las nuevas generaciones y líderes, y que no le tiene miedo a su muerte y el impacto que ésta tendrá sobre la revolución.
En el Council of Foreign Relations hubo todo tipo de comentarios, pero eso sí, cada uno con un prólogo crítico de Castro. Julia Sweig, experta en asuntos de Cuba de esta institución, comentó que esta película es un documento histórico sobre "un rey que rehúsa dejar su trono". La cubanoamericana Marifeli Pérez-Stable, de la Universidad Internacional de Florida, consideró que esto sólo muestra "un dictador atrapado en su propio laberinto". Stone decidió no responder a estas afirmaciones.
Mike Wallace, uno de los conductores del programa 60 Minutos opinó que era una "película extraordinaria" y preguntó a Stone por qué consideraba que Castro aceptó hacerla, a lo que éste respondió: "porque me conoce y pensaba que sería tratado más imparcialmente por alguien que hace películas que por los medios estadunidenses". Además, dijo, mis películas le gustan.
Stone también subrayó que "Castro me ofreció 60 horas de su tiempo. No conseguiría tres minutos de Bush. Esto se trata de Fidel en sus propias palabras" y aquí, en respuesta a los críticos, subrayó su punto central de que es hora de que los llamados "enemigos" tengan rostro y voz propia para que el pueblo de este país decida, por sí mismo, quién es o no, enemigo de ellos.
Juan Sosa Maldonado
Insurge
Mientras los tempestuosos vientos de descomposición de la clase política siguen arreciando, mientras que los políticos continúan arañándose entre sí, mientras que una parte de la izquierda se sumerge en el mar de las componendas y los amarres burocráticos, los indígenas del país y de Oaxaca nos encontramos en la pobreza y en la exclusión. Así, los usos y costumbres de quienes mal nos gobiernan, pisotean la dignidad de los indígenas y hacen que se impongan sus intereses personales o de grupo a las necesidades del pueblo.
Hoy los diversos sectores de México somos espectadores del show mediático de los que por años sólo se han beneficiado con la fortuna mal habida, de los que han usado la defensa de los desprotegidos para sacar ganancia política, de los que con el tiempo vuelven aparecer a la escena con un lenguaje demócrata y progresista, pero que detrás de ese pelaje está la esencia represiva como la de Diódoro Carrasco Altamirano.
Mientras tanto, los habitantes de la Región Loxicha, siguen viviendo en la extrema marginación y pobreza, mismas que desde 1996, en el sexenio diodorista, se agravaron por la guerra de baja intensidad que se inició contra los indígenas zapotecos por su presunta pertenencia al Ejército Popular Revolucionario, EPR. Aunque el Informe Especial de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) sobre la Región Loxicha, sugiere la creación de una fiscalía especial para investigar y sancionar a los responsables del etnocidio en Loxicha, de igual modo propone la participación de los tres niveles de gobierno para resarcir los daños a los habitantes y promover el desarrollo integral de la Región.
Y por su parte, el Relator Especial sobre la situación de los Derechos Humanos y las libertades fundamentales de los indígenas, de la ONU, emite recomendaciones puntuales, entre otras, que:
Es urgente revisar los expedientes de todos los presos indígenas en los fueros federal, civil y militar para detectar y, en su caso, remediar las irregularidades.
Deben promulgarse leyes de amnistía general a nivel federal y estatal en beneficio de presos y perseguidos indígenas por sus actividades políticas y/o sociales.
El gobierno debe proceder con urgencia a desmantelar, desarmar y sancionar a grupos paramilitares o civiles armados que operen en regiones indígenas.
Así, los tres niveles de gobierno tienen responsabilidad por comisión y/o por omisión, máxime que la falta de cumplimiento a los compromisos establecidos y el enrarecimiento del clima político nos sitúan a defensores e indígenas en un grave riesgo. Y no debemos seguir esperando, mientras que nuestras demandas se han dejado en el cajón burocrático, no podemos los indígenas esperar, mientras los partidos políticos se ahogan en el lodazal y nos aplican su política de "ni los veo, ni los oigo".
Los indígenas Loxichas, seguimos exigiendo al gobierno estatal y federal que cumpla nuestras viejas demandas.
Seguiremos trabajando desde abajo para aportar nuestro pequeño esfuerzo con el fin de que la izquierda nuevamente florezca, lograr que la izquierda se levante de este letargo y siga respirando por ese pueblo excluido y ultrajado. Hacer pues, del trabajo organizativo nuestra principal herramienta de lucha que sirva para que nuevos vientos abonen las flores de la libertad.
--------------------------------------------------------------------------------
Juan Sosa Maldonado es Vicepresidente de la Organización de Pueblos Indígenas Zapotecos. Oaxaca de Juárez, Oaxaca (México)
Atilio A. Boron
CLACSO
Razones de un debate
Días atrás tomé conocimiento de una nota sumamente crítica de mis desacuerdos y radicales cuestionamientos a la teoría del "imperio" elaborada por Michael Hardt y Antonio Negri plasmados en mi libro Imperio & Imperialismo (Buenos Aires: CLACSO, 2002). Debo confesar que mi primera reacción luego de leer el trabajo de marras fue el de hacerlo a un lado y proseguir con mis labores. No me parecía que tuviera mucho sentido polemizar con una nota en donde la pasión puesta por su autor, un rasgo que sin duda juzgo como algo muy positivo cuando se juega en el terreno de la argumentación rigurosa, lamentablemente se agotaba en una tediosa sucesión de injurias y descalificaciones personales.
Sin embargo, poco después llegué a una conclusión diferente, y esto por dos razones. Primero, porque los argumentos esgrimidos en mi contra reflejaban, de manera cristalina, la preocupante confusión que prevalece en ciertos sectores de la izquierda, embriagada con los vapores del postmodernismo y ciega y sorda ante los desafíos que se desprenden de la realidad actual del imperialismo. Pese a su vehemente formulación la crítica no podía ser descifrada como la idiosincrática rabieta de un personaje solitario sino como un síntoma de un problema mucho más general: la confusión y desorientación que prevalece en la izquierda y que se refleja tanto en el terreno de la teoría como en el de la práctica política. Se trata, por consiguiente, de una cuestión que reviste una importancia que trasciende lo personal y anecdótico y la hace merecedora de una especial atención. En consecuencia, y esta es la segunda razón, pensé que mi silencio podría (mal)interpretarse como la tácita aceptación de dolorosas verdades que habían enmudecido mi conciencia y me habían dejado sin argumentos. Espero no herir demasiado la delicada epidermis de los postmodernos si me permito recordar una vieja frase de Lenin, más oportuna que nunca en los tiempos que corren: "el marxismo no es un dogma, sino una guía para la acción". Este debate de ideas no es una cuestión escolástica. No estamos discutiendo el sexo de los ángeles sino sobre un diagnóstico del capitalismo actual y las eventuales rutas de su superación. Y sin una descripción y análisis certeros del imperialismo "realmente existente", no del que imaginan algunos, no habrá posibilidad alguna de superar ese régimen de producción que ha colocado a la humanidad en una encrucijada que por su gravedad no tiene precedentes en su historia. Fue en virtud de estas consideraciones que decidí salir al ruedo y plantear mi más radical discrepancia con los planteamientos de un importante sector de la izquierda que aún se mueve en las tinieblas.
Discrepancia que comienza con las cuestiones formales. Porque, en los debates que necesita la izquierda, los asuntos formales son también cuestiones de fondo. El recurso a los insultos y las descalificaciones hablan de una exasperación y un estado mental difícilmente consistente con la serenidad que demanda una situación tan crítica como la actual, en donde el propio futuro de la especie humana es lo que se halla en juego. Un buen piloto de tormentas, y recordemos que un intelectual es en gran medida eso en los tiempos que corren, no puede pretender orientar el curso de la nave de la teoría simplemente insultando e injuriando a quienes no concuerdan con sus criterios. Se espera de él algo más que el uso de expresiones como "renegado", "revisionista", "pasa por marxista" (al no serlo, el sujeto en cuestión se convierte en un impostor), "enredos conceptuales", "comprensión mínima", "alucinado", y otras por el estilo que revelan la desesperación de quien oscuramente presiente que sus argumentos son endebles y que, por lo tanto, no le queda otro recurso que apelar a una vistosa pirotecnia verbal para paliar la inquietud que brota de su propia debilidad. La primera reflexión que se me ocurría al repasar, no sin una cierta tristeza, el texto en cuestión fue que, con defensores como García, Hardt y Negri estarán condenados a pasar muy malos ratos a manos de sus críticos.
Otra reflexión, también formal, motivó mi curiosidad. Hace apenas unas semanas estuve en Colombia, país del cual es ciudadano el Sr. García. Más exactamente, estuve en su universidad, la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá. La Carrera de Ciencia Política organizó allí una mesa redonda en torno al tema "Imperio no, Imperialismo" que despertó un extraordinario interés entre el estudiantado y los profesores de dicha casa de estudios. El Aula Magna de la Facultad de Derecho, donde tuvo lugar el evento, fue completamente desbordada por una concurrencia que superaba con creces las quinientas personas. Lamentablemente no tuve la posibilidad de conocerlo personalmente en esa ocasión, ni de escuchar, entre las múltiples preguntas que suscitó mi intervención, a nadie que compartiera siquiera remotamente las acusaciones de que soy objeto en su escrito. Pero esto no importa ya. Vayamos a los temas de fondo.
Una novísima lectura del marxismo
Permítase comenzar diciendo que dejaré de lado cuestiones menores que revelan el profundo desconocimiento que García tiene de mi pensamiento. Sería absurdo argumentar que tiene la obligación de conocer prolijamente mis escritos. Pero si alguien quiere darse el lujo de adjetivar a voluntad a su ocasional contrincante tiene que asegurarse primero de estar suficientemente familiarizado con su obra a fin de ahorrarse desagradables refutaciones. Decir que en alguna parte de mi obra yo habría dicho que "Maquiavelo es el instigador de la tortura" constituye una prueba del absoluto desconocimiento que mi crítico tiene de mis escritos (y por lo tanto de la liviandad con que los juzga y califica). Si hay algo que por años ha caracterizado mi lectura del teórico florentino, fuertemente influenciada por la interpretación gramsciana del mismo, es precisamente una lucha sin cuartel contra la leyenda negra levantada por la Iglesia y por la tradición liberal y que lo presenta como el maestro del mal y el inventor de cuanta infamia haya ocurrido en la vida política de las naciones. Para evitar futuros yerros recomiendo a mi crítico la lectura de un pequeño texto mío titulado "Maquiavelo y el infierno de los filósofos" (Cf. Tomás Varnagy, compilador: Fortuna y Virtud en la República Democrática, Buenos Aires, CLACSO, 2000).
Mi crítico me acusa de sectarismo porque no encuentro razón alguna para citar a una frase de Bill Gates: "en el mundo virtual todos somos criaturas iguales". Contrariamente a lo que García opina la causa por la cual rechazo la conveniencia de citar al zar de la informática no es, como él dice, porque sea neoliberal, que en realidad no sé si lo es o no, o porque sea un mega empresario monopólico, sino porque dice una tontería. Y resulta una flagrante contradicción que una obra como Imperio, que declara abiertamente su adhesión al comunismo, cite un lugar común de la ideología neoliberal para apuntalar sus argumentaciones. Me he referido a esta fábula in extenso en otro lugar de modo que no voy a insistir aquí sobre ella. Baste con señalar que esa igualdad de base que Gates ve en el mundo virtual y que Hardt y Negri ingenuamente aceptan oculta algunos hechos desagradables. Por ejemplo, es cierto que en la bucólica Suiza del secreto bancario existen 409 computadores personales por cada 1.000 habitantes y en los Estados Unidos 362 por mil. Allí el mundo virtual y el real se aproximan, aunque tampoco demasiado, y la sentencia de Gates tiene un alto grado de verosimilitud. Pero cuando nos trasladamos al convulsionado mundo de la periferia (y perdón por violar uno de los axiomas de Hardt y Negri, que han declarado la inutilidad de la anacrónica diferenciación entre centro y periferia) donde sobreviven las cuatro quintas partes de la humanidad el acceso a la información y al mundo virtual se torna un poco más problemático. Por ejemplo, en Ghana hay 1,2 computadores por cada mil personas. Y en la India, sede de una pujante industria del software, existe apenas 1,5 computador por cada mil indios. Poco más al Oriente, tres chinos de cada mil se disputan encarnizadamente su acceso a un computador. En Bangladesh la cifra es tan insignificante que ni siquiera puede registrarse. En el patio trasero del centro imperial hay una cierta mejoría, pero las cosas están lejos de ser lo que se dice: en Chile hay 45 computadores personales por cada mil habitantes, 34 en la Argentina, 29 en México, 18 en Brasil, 6 en el Perú, y menos de tres en Guatemala. La cita de Gates es "incitable" no porque venga de quien vino sino porque es un simple ideologema del neoliberalismo. Podemos comprender que el empresario la cite para dejar boquiabierto a un auditorio de ingenuos, pero no que la utilicen dos críticos del sistema. (Cf. "Dos fábulas perversas: la aldea global y la multitud nómada en el imperio". Ponencia presentada a las Terceras Jornadas de Teoría y Filosofía Política, Universidad Nacional Autónoma de México y Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México, Septiembre del 2003).
García no ahorra elogios a la obra de Hardt y Negri, autores según él de una "relectura novísima del marxismo". Yo creo, humildemente, que no siempre lo novísimo es buenísimo. Una de las herencias más perniciosas de la Ilustración ha sido, precisamente, la de pensar que lo nuevo siempre es mejor. Una relectura novísima debe ser, por lo tanto, mejor que una lectura tradicional. Tal convicción refleja el error de los mentores de mi crítico, para los cuales el novísimo imperio debe ser mejor que el arcaico imperialismo de los estados, pueblos y naciones. Se trata de una visión excesivamente ingenua, infantilmente evolucionista, y que no tiene lugar en el pensamiento marxista. Por eso la he criticado.
Uno de los logros de esta "novísima relectura" del marxismo parecería ser la necesidad de luchar contra la dialéctica, pese a las reiteradas recomendaciones en contrario del propio Marx y, después de él, de todos los clásicos del marxismo. El abandono de la dialéctica significa, lisa y llanamente, adherir a una teoría de la historia concebida como una acumulación lineal y sin contradicciones de acontecimientos. Una tal concepción termina sacralizando todo lo existente, entre otras cosas el capitalismo, la propiedad privada de los medios de producción y el imperialismo. Uno de los más grandes triunfos ideológicos de la derecha ha sido precisamente el haber impuesto esta concepción que remata en la eternización del capitalismo y en el fin de la historia. Me resulta difícil concebir un argumento radicalmente crítico del presente al margen de la dialéctica. Me permito sugerir a mi crítico, tan interesado en mis palabras, la lectura de "Marxismo y filosofía política" y "Filosofía política y crítica de la sociedad burguesa: el legado teórico de Karl Marx" donde me dedico extensamente a examinar este problema (en Atilio A. Boron, compilador: Teoría y Filosofía Política. La Tradición Clásica y las Nuevas Fronteras y en La Filosofía Política Moderna. De Hobbes a Marx, ambos disponibles en librerías o en la Biblioteca Virtual de CLACSO, en http://www.clacso.edu.ar/ o http://www.clacso.org/).
Sobre clases y multidudes
Obnubilado por lo que Platón llamaba "el afán de novedades" y por la oscuridad propia del laberinto en el cual se ha perdido mi crítico descerraja a diestra y siniestra temerarias afirmaciones que lo distancian irreparablemente de toda la tradición marxista, situándolo en un universo teórico todavía inexplorado y plagado de yerros e inconsistencias. He aquí algunos ejemplos:
a) Se nos dice que "las clases fundamentales se han redefinido: el proletariado hacia la multitud y la burguesía hacia un poder cada vez más monárquico". ¿Qué significa esto? ¿Que el proletariado ya no es lo que era antes? Claro que no. Dado que la dialéctica histórica es incesante y todo lo cambia sería absurdo pensar en clases concebidas como entidades metafísicas o como esencias platónicas alojadas en el Topos Urano. Pero, ¿el proletariado "redefinido" en dirección de la multitud? ¿Qué es eso? Es indudable que el proletariado de hoy es una categoría mucho más amplia y heterogénea que la que existía en tiempos de Marx y Engels, y la referencia de García al "Capítulo Sexto (inédito)" de Marx es correcta. Pero, ¿convertido en multitud? Muy improbable. Tal afirmación requiere, antes que nada que alguien explique la constitución sociológica de la multitud. Ni García ni sus mentores lo han hecho satisfactoriamente. No se reemplaza el análisis riguroso de las categorías con vagas invocaciones a conceptos abstractos desprovistos de toda conexión con lo real. Además, cualquiera mínimamente informado en la tradición sociológica sabe que, por definición, el concepto de multitud alude a un agrupamiento inestable, efímero, de intermitente presencia y constituido con prescindencia de las articulaciones estructurales de sus componentes. ¿Esas son las características que hoy tiene el gran universo de los trabajadores asalariados? No me parece.
En relación con la tesis de que la burguesía se redefinió como un poder monárquico diría que, en primer lugar, tal proceso no atañe a las determinaciones fundamentales de la burguesía como clase y que remiten a la forma como se apropia de los medios de producción y del producto del trabajo social. Que su poder político se ejerza "monárquicamente" -cualquiera sea la forma en que éste se defina- está lejos de ser una novedad de nuestro tiempo. Ya había sido señalado por Marx y Engels en la segunda mitad del siglo diecinueve. El problema es ver qué es lo que esto significa hoy, en el aquí y ahora del capitalismo. Y, más allá de la metáfora, es poco y nada lo que sobre este tema podemos sacar en limpio del escrito de Hardt y Negri.
b) Una afirmación enigmática, para decirlo con mucha benevolencia, es la siguiente: "si decimos que el imperio es un poder global, sin límites aparentes, también decimos que no se puede luchar contra él. La multitud, los muchos, sería minúscula comparada con el poder soberano" (sic). Pero, ¿qué significa ésto? ¿Qué es eso de que no se puede luchar contra el imperio? ¿Qué es lo que ha hecho Cuba desde 1959? ¿Qué fue lo que hicieron los vietnamitas con las armas en la mano durante veinte años? ¿Qué han hecho hasta ahora la resistencia palestina, los combatientes iraquíes que rechazan la ocupación norteamericana, el pueblo y el gobierno venezolano que recuperó el control de una riqueza básica como el petróleo, los campesinos y trabajadores bolivianos que derrumbaron a un procónsul imperial que apenas si hablaba el castellano, los indígenas ecuatorianos y tantos otros en las más diversas latitudes del mundo? No hace falta ser un lector malintencionado para concluir que semejante "ocurrencia" (me resisto, por respeto a la filosofía, a otorgarle el rango superior de "idea") abona tersamente al pensamiento único cultivado con esmero por los ideólogos del neoliberalismo. En efecto, esa imagen, oculta en la oscuridad terminológica del libro de Hardt y Negri pero evidente en la interpretación de uno de sus más entusiastas admiradores, remata en un planteamiento políticamente claudicante. No hay alternativas a la primacía imperial, de modo que conviene resignarnos ante esa amarga realidad y tratar de sobrellevar esta desgracia lo mejor posible. El imperio es así representado como un Moloch omnipotente e invencible, como una fortaleza inexpugnable que, para colmo de las paradojas, en un alarde de masoquismo habría sido creada por la propia multitud. Si la subestimación de nuestras propias fuerzas es mala, la sobre-estimación de las del enemigo es todavía peor. La primera puede desembocar en una sobria y realista evaluación de nuestras posibilidades, mientras que la segunda nos desarma ideológicamente y perpetúa nuestra subordinación ante los poderosos.
c) Volvamos al tema de la multitud. En su escrito mi crítico dice, por ejemplo, que "por multitud se entienden todas y todos los potencialmente conflictivos, la base está conformada por los pobres, el sujeto más poderoso" (sic). La multitud, se nos dice además, es por definición no-representable. Revisemos cuidadosamente estos aportes derivados de la "novísima" relectura del marxismo promovida por Hardt y Negri. Para hacerlo vamos a tomar un ejemplo hipotético derivado de la realidad de Colombia, un país que nuestro crítico sin duda debe conocer muy bien. ¿Quiénes podrían ser estos sujetos potencialmente conflictivos que constituyen a la multitud? Bien. Comencemos por los que en Colombia se los considera sin dudas como los más conflictivos: los "paras", o los "paramilitares," para expresarlo en el lenguaje corriente. Luego habría que agregar a los "narcos," que como es bien sabido mantienen fraternales relaciones con los primeros. Estamos en presencia de una temible combinación de actores altamente conflictivos, y no hemos terminado. ¿Podríamos dejar de lado a los sicarios, que asesinan a los militantes populares y de izquierda? ¡De ninguna manera, si encima son pobres! Habría luego que agregar al lumpenproletariado, es decir, a los segmentos en descomposición de las clases populares y que suelen actuar como masa de maniobra de gobiernos reaccionarios, "paras" y "narcos" y de cuyas filas se reclutan los sicarios. Luego de esto tendríamos aportando a la multitud a los desplazados por la violencia y las campañas de erradicación del cultivo de la coca promovida y ejecutada por las fuerzas de ocupación norteamericanas en algunas regiones de Colombia. Agréguese también, por supuesto, a los pobres de la ciudad y el campo: campesinos, pobladores urbanos, ocupantes precarios de terrenos en las ciudades, trabajadores por cuenta propia, obreros precarizados, desocupados, obreros tradicionales en el sistema formal de relaciones de trabajo, empleados, y así sucesivamente.
Ante tan heteróclita configuración de grupos, categorías y clases sociales, ¿qué utilidad puede tener un concepto tan extenso, epistemológicamente hablando, que incluye a toda formación social que sea "potencialmente conflictiva"? Además, luego de lo que nos enseñaron Hegel y Marx, ¿hay alguna que no lo sea? Nuestro crítico, seguramente que entusiasmado por la sucesión de agravios que iban enhebrando su discurso, no reparó en una inteligente advertencia formulada por Michael Hardt cuando, en un reportaje efectuado con posterioridad a la aparición de Imperio, dijera que "en nuestro libro el concepto de multitud funciona más como un concepto poético que fáctico" (Cf mi Imperio & Imperialismo, p. 102). No hay duda que ciertos conceptos poéticos pueden ser poderosos instrumentos de análisis y de transformación social. Pero, por más admiración que la obra de Hardt y Negri suscite en nuestro crítico, ni el primero es Pablo Neruda ni el segundo es Bertolt Brecht. En consecuencia, pese a su belleza poética el concepto de multitud es una categoría teórica vacía, carente de sustancia sociológica y, por lo tanto, de escasa o nula utilidad práctica a la hora de cambiar el mundo.
Un par de observaciones finales sobre el tema de la multitud. Primero, relativa a su "irrepresentabilidad". No constituye sorpresa alguna que una categoría nominal tan amplia y omnicomprensiva carezca por completo de la posibilidad de ser representada, más allá de si es bueno o malo que un grupo social pueda ser representado o no. Por otra parte, lo que en la tradición sociológica se entiende por multitud -que no es lo mismo que entienden Hardt y Negri- es por su naturaleza un fenómeno transitorio, intermitente, que irrumpe de pronto en el escenario público y de la misma manera desaparece en muchos casos sin dejar mayores rastros. Confundir a esta categoría con el proletariado del siglo XXI, que por cierto implica una ampliación de la categoría desarrollada por el marxismo clásico, constituye un gravísimo error de interpretación. En síntesis: el problema de la representación de las clases subalternas no es una cuestión menor. La crisis de las formas tradicionales de representación: el partido y el sindicato no puede ser reemplazada por la exaltación romántica de la democracia directa y del basismo en las sociedades de masas.
Segundo, el tema increíble de la vocación masoquista de la multitud, a la cual nuestros autores, y mí crítico, le atribuyen nada menos que la creación del imperio. Mutatis mutandis esto equivaldría a plantear el disparate de que el proletariado industrial, nostálgico de la abyección y opresión característicos de la vida campesina en el modo de producción feudal se esmeró en crear una clase, los capitalistas, para que lo explotara y los mantuvieran en condiciones infrahumanas de vida. Creo que el argumento es tan absurdo que no merece más comentarios que estas breves líneas.
Estado, democracia, soberanía
a) Sobre la cuestión de la soberanía los planteos de mi crítico son igualmente asombrosos, razón por la cual me veo obligado a citarlos in extenso para facilitar su adecuada comprensión y evitar toda sospecha sobre cualquier posible tergiversación. Se me acusa de clamar, "cual Kautsky, por reconocerle a Estados Unidos el poder supermundial. Cosa que de cierta forma reconoce Negri: el gobierno republicano de Estados Unidos ocupa la cúspide del poder piramidal del imperio. Pero no es el único poder, hay otra serie de instituciones, BM, FMI, OMC y sus hermanas empresas transnacionales, alternas al poder capitalista conjuntamente con otros Estados y ONGs adscritos al imperio. Todo ello mina la soberanía estatal. Esa es una verdad de perogrullo hoy".
Primero, no creo que la primacía de los Estados Unidos en el mundo unipolar de hoy sea producto de los ruegos de Kautsky, y mucho menos de mi improbable clamor. La profundización de las injusticias e inequidades del modo de producción capitalista y la implosión de la Unión Soviética -que le ha dejado a los capitalistas el campo libre para cancelar las concesiones hechas durante su etapa keynesiana y retornar a sus tradicionales prácticas predatorias- es lo que explica la intensificación de los mecanismos de explotación imperialista y el ascenso de los Estados Unidos a esa condición que con mucha indulgencia Samuel P. Huntington llamaba "superpotencia solitaria". Este es un hecho objetivo, comprobable a simple vista y que no se produce por ruegos, lamentos o clamores de ningún tipo.
Segundo, la idea de que la Casa Blanca ocupa la cúspide del poder imperial y que lo "comparte" con otras instituciones como el FMI, el BM, la OMC, con las grandes empresas transnacionales y otros Estados y ONGs es sólo parcialmente correcta, y esto a condición de que se especifique la naturaleza de los "socios" imperiales. Suponer que el FMI y el resto de los mal llamados "organismos financieros internacionales" (mal llamados porque, como lo reconocen los grandes intelectuales del imperio tales instituciones son simples apéndices de los gobiernos del G-7, y principalmente del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, y su "internacionalismo" se refiere exclusivamente a su rol de policía mundial a cargo de la custodia de los intereses del capital) son algo distinto al puñado de gobiernos que constituyen el comité que administra los negocios conjuntos de la clase burguesa a nivel mundial demuestra un profundo desconocimiento de los rudimentos mismos de la teoría marxista del Estado. Toda esta proliferación de gobiernos, empresas e instituciones dizque "internacionales" constituyen el entramado a través del cual se procesa la dominación de la clase dominante global asentada en los países del capitalismo metropolitano y que lejos de minar la soberanía estatal no han hecho otra cosa que fortalecerla en los últimos veinte años. La literatura y la evidencia empírica es tan abrumadora que resulta difícil comprender, a no ser por una preocupante ofuscación ideológica, cómo se puede ignorar un hecho tan rotundo como ese. La soberanía estatal que ha sido minada, y esta sí que es una verdad de perogrullo, es la de los países de la periferia. Estados Unidos erradicando cultivos de coca con sus tropas en Colombia demuestra que su soberanía se proyecta con toda la fuerza de un hegemón imperialista, al paso que Colombia ve la suya seriamente mermada. Cuando el embajador de la Casa Blanca en Bolivia exige del gobierno la firma de un contrato leonino para la provisión del gas, y el gobierno cede desatando las iras populares, lo que se demuestra es que Bolivia tiene cada vez menos soberanía, no que Estados Unidos la ha perdido. Y que si la primera recuperó en algo lo que había perdido fue gracias a la impresionante movilización popular que acabó con un gobierno profundamente ilegítimo como el de Sánchez de Losada. Cuando Estados Unidos desconoce el fallo de la Corte Internacional de Justicia exigiéndole pagar a Nicaragua una cuantiosa suma como reparación por los daños producidos durante la guerra contra los sandinistas y Washington ni siquiera se digna a responder al comunicado oficial de la Corte no es la soberanía de Estados Unidos la que ha sido minada sino la de Nicaragua. Es asombroso cómo un latinoamericano puede desconocer realidades tan brutales (y cercanas) como éstas.
Una última reflexión sobre este punto. Nótese la flagrante contradicción (en realidad, una de las tantas que, razones de espacio, me han impedido enumerar en detalle) entre la rotunda afirmación de la pérdida de soberanía estatal referida más arriba y la que mi crítico plantea pocas líneas más abajo al decir que "la soberanía, según Negri, (es) monopolio de la comunicación, de la moneda y de la violencia. Lo que es lo mismo: el éter, el dólar y la bomba atómica. Por tal motivo Estados Unidos ocupa lugar preferencial". Nótese la conmovedora debilidad argumentativa: Estados Unidos ocupa "un lugar preferencial" en el sistema internacional, pese a que su soberanía, supuestamente, se está debilitando. La estructuración del dominio imperialista se decide, con modales cortesanos, estableciendo preferencias y sitiales de privilegio. El éter, el dólar y la bomba atómica son como las acartonadas indumentarias y las antiguas pelucas utilizadas por los cortesanos de Luis XIV mientras bailaban serenamente al compás del minué. Todo el horror, la sangre y el fango de la dominación capitalista y su proyección internacional quedan convenientemente dulcificados en la versión del diligente discípulo de Hardt y Negri. El monopolio de la comunicación, la moneda y la violencia es una minucia anecdótica que en nada debilita el argumento de la declinante soberanía estatal. ¡Y el imperialismo es una simple cuestión de "preferencias"!
b) Sobre el Estado. Mi crítico es presa de santa indignación porque no comparto la tesis de Hardt y Negri de que "el Estado ha sido derrotado y las empresas hoy gobiernan la tierra". Tal como he puesto en evidencia en Imperio & Imperialismo la idea de que las empresas transnacionales están gobernando el mundo y provocado la derrota y desordenada huída de los estados nacionales es de una superficialidad inadmisible en cualquier análisis serio de la realidad económica y política contemporánea. La expansión global de estos modernos leviatanes es simplemente incomprensible al margen de las activas políticas estatales que, desde los capitalismos metropolitanos, crearon las condiciones económicas, políticas e ideológicas que la hicieron posible. ¿Mediante qué mecanismos? Gracias a las políticas impulsadas por algunos estados nacionales, comandados por Estados Unidos, que impusieron contra viento y marea las reglas del neoliberalismo global: en los países metropolitanos más o menos pacíficamente, y en la mayoría del mundo apelando a dictaduras o corrompiendo a frágiles democracias que capitularon ante los señores del dinero. En ambos casos, pero, imponiendo políticas concretas, generadas por los estados (y no por los directorios de las empresas "transnacionales") y promovidas en la periferia gracias al accionar de los agentes y perros guardianes del imperialismo: el FMI, el BM, la OCM, el BID y otros por el estilo, encargados de imponer gracias a las "condicionalidades" con las que asfixian a los países endeudados las políticas de apertura comercial, desregulación financiera, liberalización económica, precarización laboral, privatizaciones y todo el decálogo del Consenso de Washington, utilizando para ellos el poder de chantaje que Estados Unidos dispone sobre todo en América Latina y el Caribe. En los países metropolitanos esta labor de disciplinamiento fue realizada de modo igualmente efectivo pero sin las estridencias conocidas en el Sur. Allí la tarea estuvo a cargo, principalmente, de los banqueros centrales y de los ministros de hacienda, con la vergonzante complicidad de las diversas fracciones (conservadores, socialdemócratas, democristianos, etc.) del partido del capital. A pesar de lo que piense nuestro crítico, la mediación estatal sigue siendo crucial e imprescindible para la dominación burguesa. En caso de que mis argumentos no le resulten persuasivos sugiero la lectura de un imprescindible texto de Ellen Meiksins Wood (Cf. Empire of Capital, Londres, Verso, 2003).
c) Acerca de la democracia. Mi crítico se encoleriza porque sostengo que no hay democracia posible al margen del estado. Tal vez no sepa que, según Marx, la democracia también es una dictadura por la cual una minoría se las arregla para explotar "pacífica y democráticamente", con métodos constitucionales, a una mayoría. Con el advenimiento de la sociedad comunista, es decir, con la desaparición de la sociedad de clases, el fin de la explotación del hombre por el hombre y la total expansión de la democracia, el estado simplemente se extingue. Pero mientras se llega a esa condición, toda democracia, aún la socialista, se asienta sobre las estructuras del estado. Una vez que el capitalismo haya sido superado históricamente, produciéndose la famosa aufhebung de Marx, entonces será posible pensar en un nuevo tipo de organización política, aquello que en la tradición marxista denomina "el autogobierno de los productores" y que hará que, siguiendo las enseñanzas de Engels, el estado vaya a parar al museo de antigüedades, junto con la rueca de hilar y el hacha de bronce. En las fases transicionales, aún el más democrático gobierno de las mayorías populares no dejará nunca de ser una dictadura, en el sentido más profundo del término: imposición de un orden legal, económico y político que instaura un nuevo régimen social de igualdad y libertad pero, que para lograrlo, debe transitoriamente consolidar una nueva estructura de dominación capaz de someter a las clases adversarias que no van a renunciar a sus seculares privilegios conmovidas por la creatividad de la democracia. Por si nuestro crítico tuviera dudas acerca del carácter profundamente dictatorial de los capitalismos democráticos pregúntese en qué país el capitalismo, un régimen económico que consagra el despojo del productor directo, se impuso como resultado de una votación con sufragio universal; o qué elección democrática decidió que en nuestras sociedades sus habitantes fueran desarmados y las armas monopolizadas por el estado. O algo más simple: ¿en qué país "democrático" de América Latina el pueblo fue llamado a votar en un referendum sobre qué hacer con la deuda externa? Sobre este tema en particular me permito recomendar a mi crítico la lectura de Tras el Búho de Minerva. Mercado contra Democracia en el Capitalismo de Fin de Siglo (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2002).
Pensar en un proyecto democratizador con prescindencia del estado es caer en un romanticismo inaceptable para cualquiera que haya pasado el período más fervoroso de la adolescencia. ¿O es que acaso nuestro crítico supone que se puede democratizar el mercado? Estas teorías la pusieron en boga los norteamericanos después de la Segunda Guerra Mundial y bien pronto cayeron en completo descrédito. ¿Piensa acaso, con Hardt y Negri, que se puede democratizar la sociedad civil, quintaesencia de la sociedad de clases? Le guste o no, el único ámbito efectivo de democratización es el estado, con todas sus limitaciones y, sobre todo, con todas las limitaciones que el modo de producción capitalista impone a cualquier proyecto democratizador. Creer, como García, que "la democracia es el gobierno de la multitud y que ésta es procedimiento absoluto" implica un profundo desconocimiento de la teoría y la historia políticas. Además, "puro procedimiento" es la fórmula preferida por la ciencia política norteamericana, heredera de la tradición elitista de Joseph Schumpeter que concebía a la democracia como un puro procedimiento. Esta era, según el economista austríaco en una afirmación que seguramente caerá bien en los oídos de mi crítico, un simple método para decidir quién habrá de gobernar, con total independencia del contenido de la decisión. Puro procedimiento, por ejemplo, que permite decidir "democráticamente" enviar a los judíos a un campo de exterminio, a las brujas a la hoguera y a los trabajadores al genocidio. No sólo se trata de una tontería reaccionaria sino que, además, escamotea intencionalmente, y esto es algo que me resulta difícil de comprender en Hardt y Negri, el hecho de que la democracia, como cualquier régimen político, es incomprensible al margen del modo de producción sobre la cual se sustenta. Por eso me perturba profundamente el silencio de Hardt y Negri sobre la revolución y la necesidad de construir una sociedad post-capitalista. Parafraseando a Hegel cuando decía que el estado era el jeroglífico de la razón, la democracia es el jeroglífico del modo de producción. Quien quiera hablar de democracia absoluta de la multitud no tiene derecho a hacerlo si primero no dice cómo se trasciende al capitalismo y se construye la sociedad comunista.
Final sobre las guerras del imperio: ¿"justas", "humanitarias", o de rapiña?
Quiero terminar esta ya excesivamente larga respuesta mencionando apenas un tema que mi crítico ha captado con total justeza cuando dice que "Boron no se acerca ni de lejos al concepto de 'guerra justa'. Le parece que lo relevante es que Estados Unidos es el hegemón del mundo y que sus intervenciones no son para edificar un nuevo derecho internacional. Según Imperio las guerras justas (Irak 1990, Kosovo 1999) se hacen para ampliar el consenso de la justicia humanitaria. Verbigracia, la guerra contra Irak en 2003: los vamos a liberar anunciaba Bush hijo en su guerra contra el terrorismo" (sic). Efectivamente, García tiene razón. Ni ebrio ni dormido podría yo admitir que (i) las guerras imperialistas son "guerras justas"; (ii) que tales aventuras de saqueo y pillaje fueron lanzadas para edificar un nuevo derecho internacional o, como dicen Hardt y Negri, respondiendo a un clamor internacional para fortalecer la justicia humanitaria; (iii) que los Estados Unidos actúan por otra cosa que no sea su afán de perpetuarse como el hegemón mundial, como el jefe indiscutido de la coalición imperialista, y que esto es de lejos lo más relevante; (iv) y mucho menos podría yo creer que los Estados Unidos van a liberar a nadie, o que las masacres perpetradas en las guerras del Golfo, en Kosovo, en Bosnia y ahora en Irak fueron motivadas por el afán de construir un orden internacional más justo, libre y democrático. Discrepo profundamente tanto con Negri cuando declara que "la guerra de Irak es un golpe de estado de los Estados Unidos contra el Imperio", lo que me parece un monumental error, como con los halcones norteamericanos que dicen que sus aventuras de rapiña imperialista son "guerras humanitarias", concepto éste que constituye un insanable oxímoron.
Debido a que las tesis de la "guerra justa" han reaparecido con fuerza últimamente conviene aclarar algunos puntos para evitar nuevas confusiones. Tal como lo advierte Ellen Meiksins Wood en el libro arriba mencionado la tradición de la "guerra justa" se caracteriza por su extraordinaria versatilidad, que le ha permitido ser utilizada por las clases dominantes como un instrumento legitimador de toda clase de aventuras imperialistas. No obstante ello, la doctrina de la "guerra justa" tiene una serie de premisas básicas incompatibles con la ligera caracterización que nuestro crítico hace de las atrocidades sistemáticas llevadas a cabo por los representantes del "mundo libre y la civilización occidental" en las regiones periféricas. Ellas son las siguientes: (i) debe haber una causa justa; (ii) la guerra debe ser declarada por una autoridad legítima; (iii) con un propósito moral y políticamente correcto; (iv) una vez que todos los otros medios no violentos de resolución del conflicto hayan sido agotados; (v) la guerra debe tener altas probabilidades de alcanzar los fines deseados; y (vi) los medios utilizados deben guardar proporción con los fines.
Como bien lo señala esta autora, cada aventura belicista de los Estados Unidos y sus aliados fue precedida por una especiosa manipulación de las primeras cuatro condiciones de la "guerra justa": tenemos una causa justa, la guerra fue declarada con la aprobación del Congreso, queremos el bien -llámese llevar la democracia, la libertad y los beneficios del libre mercado a pueblos atrasados y sometidos a crueles tiranías- y hemos agotado todas las instancias diplomáticas antes de hacer hablar a las armas. Este es el discurso corriente de los Bushes, Aznares y Blairs de todo el mundo. Cualquier análisis riguroso demostraría cómo estas cuatro condiciones son violadas -sutilmente violadas, es cierto- pero aún así podría decirse que se salvan las apariencias. Sin embargo, lo que es insalvable, y descalifica frontalmente el argumento de quienes pretenden justificar estas tropelías en nombre de la tradición de la "guerra justa", es la violación que se verifica con relación a las últimas dos premisas. ¿Por qué? Primero, porque no hay "solución militar" capaz de erradicar el terrorismo de la faz de la tierra. La así llamada "guerra contra el terrorismo" es un sinsentido. Nada garantiza mejor la sobrevivencia y reproducción incesante del terrorismo que la respuesta militar. Y los hechos que acaban de acontecer en Madrid el 11 de Marzo son una prueba más de la criminal futilidad de intentar resolver los desafíos que plantea el terrorismo aplicando otro terrorismo, esta vez oficial y legal, y organizado por los estados. Como bien recuerda Gore Vidal, la guerra es el nombre que se le da al terrorismo de los ricos. Segundo, porque en el caso de las guerras imperiales de nuestro tiempo la desproporción entre los medios aplicados y los fines que se pretende alcanzar es tan descomunal que da por tierra con la doctrina. No se puede, moralmente hablando, arrasar países enteros -como Afganistán, Irak, Palestina, por ejemplo- sembrando muerte y destrucción entre millones de inocentes con el objetivo de desarticular una red de fundamentalistas islámicos que tiene sus miembros esparcidos en más de sesenta países.
Por eso lo que plantea la Casa Blanca, con la criminal complicidad de los gobiernos de España y el Reino Unido, poco y nada tiene que ver aún con la ambigua tradición de la "guerra justa". Es, por el contrario, algo mucho peor: como dijera Richard Perle, uno de los más agresivos halcones de Washington, se trata de llevar hasta sus últimas consecuencias una guerra total e infinita. Una guerra sin fin, sin claros propósitos y sin un período siquiera mínimamente acotado. Por eso rechazo el uso de la categoría de "guerra justa" que tanto entusiasma a mi crítico. Por eso dicha categoría no puede ocupar lugar alguno en el seno de una teoría marxista del imperialismo.